Puede que recuerde un tiempo en mi vida cuando un maestro o un amigo me dio ánimo. Yo también tengo esa habilidad. Las palabras que digo tienen el potencial de inspirar y elevar a otros, porque ofrecen energía positiva. Asentir con la cabeza o brindar una sonrisa cálida irradia una vibración armoniosa que afecta a otros positivamente. Es un honor y una gran responsabilidad mantener una visión elevada por las vidas de los demás. Ofrezco aliento mediante palabras alentadoras y gestos amables. Siento que contribuyo al bienestar del mundo cuando apoyo a los demás. Inspiro y elevo a otros por medio de mis pensamientos y gestos considerados.
Texto devocional: Que el Dios de la paciencia y de la consolación les conceda a ustedes un mismo sentir, según Cristo Jesús.—Romanos 15:5